Hace unas semanas escribía Juan Manuel de Prada que ya no se conversa apenas, vamos todos metidos en nuestros “MP3”, “e-books” y “smartphones”. Me dio que pensar y concluí que no se debe a la falta de interesantes temas de conversación, sino a la falta de “orejas escuchadoras”.

No conversamos, empalmamos historias o, como representaba gráficamente Mota en “y dices tú de mili” , escuchamos como quien oye llover.

Escuchar no es oír. Lo sabemos de sobra, y aún así, muchas veces, cuando deberíamos escuchar atentamente, con todos los sentidos, nos limitamos a oír.

Hacemos como que escuchamos a esa persona que ha entrado en nuestro despacho, mientras seguimos trabajando sin levantar la mirada de la pantalla del ordenador. A veces incluso decimos: “tu sigue hablando que yo te escucho”.

Nos limitamos a oír cuando interrumpimos lo que nos dicen y acabamos la frase a nuestra manera, o cuando afirmamos “si, ya sé que quieres hablar de tal y tal” sin dejar a la persona formular su idea. A veces incluso nos esforzamos por hacer que escuchamos, pero impacientes, tenemos preparada la respuesta desde que el otro comienza a hablar.

Y no, no es lo mismo escuchar que oír. No es lo mismo ni para el que habla ni para el que escucha. Escuchar tiene unos efectos increíblemente beneficiosos en ambos personajes.


¿Qué nos aporta escuchar bien?

Enumeremos sólo algunos beneficios;

1. Dar validez a la persona que habla, mejorar su involucración en el proyecto, mejorar su rendimiento y aumentar su autoestima.

Escuchar es mostrar respeto, afecto y aprecio. Si escuchamos acompañando con la mirada y el gesto, animamos a quien habla a dar lo mejor de sí.

Permitirnos ser personas que de verdad “pongan oreja”, personas que escuchen, estando en las cosas que cuenta el que habla; en sus cosas y en su estado de ánimo, haciéndose cargo; personas que no terminen su vida en sus propios intereses sino que tienen espacio para los demás. “La escucha enfocada es una habilidad. Lleva un tiempo pulirla. Un buen modo de empezar es estar completamente presente en la conversación y en la habitación. Parece sencillo, pero requiere práctica. Pasado un tiempo esta escucha atenta puede desarrollarse hasta convertirse en escucha centrada” Trish Holdengarde.

Practica la escucha atenta, con pausa, mirando a los ojos, dando tiempo, y comprobarás como mejora la calidad del contenido y el modo de expresarse de quien habla y como esa persona se siente más valorada.
2. Estar en la misma página de la partitura.

Con las prisas es frecuente que respondamos antes de escuchar toda la pregunta. O peor, que aconsejemos sin haber oído todo el problema.

Hace falta humildad para reconocer que si quiero entender, de verdad, lo que me están diciendo tengo que escuchar bien y hasta el final, si no, es como contestar a un examen sin haber leído todo el enunciado. Puedo ser profesionalmente brillante y muy eficiente, pero iré desacompasado, estaré tocando otra partitura.

Al escuchar siempre hacemos una interpretación de lo que oímos y si queremos que la comunicación sea eficaz debemos cotejar que oímos efectivamente lo que el otro dice.

Practica escuchar hasta el final, constata que lo que has oído es lo que el otro quería decir, repite y parafrasea si es necesario. Descubrirás que desaparecen algunos problemas, se consiguen mejores resultados y mejora el ambiente.
3. Aprender y enriquecernos.

En esta sociedad del “todismo”: sé de todo y hablo de todo, requiere salirse de la moda, sabiduría y humildad reconocer que no lo sé todo.

Esto es cierto también con las personas de nuestro equipo o las que trabajan para nosotros: muchas veces saben mucho más que nosotros mismos de muchas cosas.

Al mismo tiempo es interesante aprender de quienes piensan distinto que nosotros, porque al escucharles me ayudan a elaborar mi pensamiento, a fundamentar mis opiniones a enriquecer mis puntos de vista. Por lo tanto, si la conversación versa de algo que no conozco o de lo hay personas que pueden saber más que yo, es mucho mejor callar, y escuchar, y aprender.

Dice Deb Krizmanich “Escuchando, oímos lo que de verdad se ha dicho, no lo que nosotros queremos oír. Opiniones que disienten de la nuestra, creencias opuestas, valores externos y conflictos internos son más valiosos que todos esos “síes” combinados.”

Practica escuchar opiniones contrarias a la tuya sin decir inmediatamente que tu punto de vista es el opuesto. Espera, escucha, entiende a fondo lo que plantea la otra persona. Practica incluso, si no es necesaria tu opinión en ese momento el callar, para poder sopesar todo lo que se dice y elaborar tu propio pensamiento a la luz de esas ideas.
Para ser un buen jefe, un buen profe, un buen padre: escucha

Hace poco releí lo que decía Peter DruckerDemasiados directivos piensan que son maravillosos con las personas porque hablan bien. No se dan cuenta que ser maravillosos con las personas significa escuchar bien” y poco después me encontré con esto de Alan Adler “Los directivos más exitosos son aquellos que escuchan.”

ES UN HECHO: esas habilidades no son innatas.

DATO: las habilidades de escucha no se enseñan en los colegios.

¿Un consejo? Práctica las habilidades de escucha que te he propuesto, trabaja sobre objetivos concretos de cómo mejorar tu escucha y notarás un cambio positivo a tu alrededor.
Una petición: no dejes de contarnos tu propia experiencia sobre la escucha. Déjanos tu comentario

Elena Jiménez-Arellano
p.s. I can’t believe it! My super heroine, Marie Florleo, talks of this same topic in her blog a week after my blog was posted!! Here you are the link! 

4 thoughts on “Los beneficios de escuchar bien

  1. Muy interesante, me ha encantado. Lo q parece tan sencillo es tantas veces tan complicado, gracias por las pautas.

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