No te despeines y verás que va mejor.

20 junio, 2014
tomandosol mafalda

TRADUCCIÓN LIBRE DE “KEEP CALM AND GO ON”
La especialización, que en economía llamamos división del trabajo -copio de wikipedia y sé que me la voy a cargar con los académicos por usar esta fuente- es la especialización y cooperación de las fuerzas laborales en diferentes tareas y roles, con el objetivo de mejorar la eficiencia.

Aunque es consustancial a toda actividad humana desde la prehistoria, se intensificó con la revolución industrial. Es decir, que no es una nueva tecnología recién descubierta y aún así, hay personas que parecen desconocer en la práctica sus beneficios amontonando sobre sus cabezas y sus hombros cargas enormes a la medida de titanes.

Estos son los beneficios de la división del trabajo:

  1. Ahorro de capital: cada trabajador no tiene que disponer de todas las herramientas que necesitaría para las distintas funciones. Ni tiene que saber de todo.
  2. Ahorro de tiempo: se producen los beneficios de la curva de aprendizaje y la curva de experiencia: al repetir una tarea cada vez se hace mejor y en menos tiempo.
  3. Disminuye el error al ser los trabajos a realizar por cada operario más sencillos y personal con menos experiencia puede incorporarse al mercado laboral. 

Si quien está leyendo estas líneas es progenitor/a o profesor/a, ponga en vez de trabajador la palabra hijo o alumno y compruebe cómo suena.

El hombre del renacimiento -representado por personajes como Leonardo Da Vinci, Newton, Galileo, Cervantes, Miguel Ángel, etc- tiene un atractivo innegable: sabían a la vez de ciencias, de ingeniería, pintaban, esculpían, eran filósofos y músicos, escribían con maestría y un largo etcétera.

Con tanto atractivo, hoy en día querríamos emular a estos genios del renacimiento viviendo una vida de hombre orquesta, de multitarea, de frenesí para llegar a todo, y vamos buscando un resultado así:

monalisa original

Cuando en realidad acabamos así:

MOna lisa despeinada

Porque nos olvidamos de un par de cosas.

Primero: esos renacentistas fueron ciertamente admirables, pero  no todas las personas del Renacimiento eran así sino sólo unos pocos: los genios. El resto de los humanos de entonces serían más parecido a nosotros: no sabrían tocar el laúd, ni construir una catapulta mientras dibujaban el rostro de su amada en una pintura inimitable, tampoco sabrían nada del firmamento y del cosmos ni de genética. Serían personas estupendamente renacentistas que a lo máximo sabrían hacer bien una sola actividad de la lista u otra distinta.

Y la segunda cosa de la que nos olvidamos es, como canta la zarzuela: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”[1] Es francamente difícil ser renacentista hoy en día porque todas las ciencias han progresado en profundidad y amplitud y es ciertamente costoso abarcar unas cuantas ciencias con soltura a menos que seas un superdotado.

chiste ama de casa

“Se me pasan las mañanas sin hacer nada” me decía una madre de familia: “levanto a los niños, doy desayunos, pongo lavadoras y limpio antes de llevarles al cole, voy a pilates, hago la compra, cocino… ¡y ya regresan los niños a comer y no he hecho nada!!!”…sic. Yo creo que quería decir que lo único que no había hecho en toda la mañana era sentarse y planificar con serenidad la semana como ella quería. Hacemos mil cosas y cuando llegamos a casa de trabajar, como si tampoco hubiéramos hecho nada, nos ponemos con ellos a hacer deberes, dibujos, actividades manuales y una representación del sistema solar en 3D: es decir con bolas de poliuretano de distintos tamaños unidas por alambres….¡pero si a ti en el colegio eso se me daba fatal!!! ¿Qué haces ahora haciendo ese trabajo de tus hijos?

Con frecuencia nos damos cuenta de esta situación y nos gustaría hacer algo, pero parece que las circunstancias nos obligan a dar el do de pecho, a no rendir las armas, a darlo todo… Enseñamos a tocar la flauta a nuestros hijos aunque nosotros nunca aprendimos, les hacemos los deberes, también les recogemos su juguetes, su cuarto, su armario, les recogemos sus platos de la mesa y los metemos en el lavaplatos, como si ellos no supieran…

Lo primero que te digo es que no tienes que hacerlo tu todo.  Es verdad que los adultos sabemos hacer las cosas mejor y antes que nuestros hijos pero… ¿de qué le sirve a tu hijo eso? Y ¿para qué te sirve a ti?

Entonces ¿Qué podemos hacer para salir de esta situación?

Te doy unos cuantos trucos que deberás ensayar con empeño, porque estamos habituados a lo contrario.

 

  1. Aprender a decir que no. Y ver que no pasa nada cuando tenemos que decir a alguien que no asumimos otra carga más. Los deberes son de mis hijos, no míos. Si llega al colegio sin hacerlos se ganará una mala nota y aprenderá a ser responsable y a asumir las consecuencias de sus actos, que es aprender el precio de la libertad.
  2. Reconocer nuestra vulnerabilidad y pedir ayuda: esto supone humildad para decir en voz alta: no llego, ¿me ayudas? Es muy eficaz organizar después una distribución de las tareas de la casa: nuestros hijos  pueden ayudar con encargos conforme a su edad y de hecho les beneficiará mucho hacerlo, porque así aprenden. Con los encargos no les damos cargas sino alas. Distribuir las tareas también entre el matrimonio.
  3. Aceptar con humildad que las cosas también se hacen bien de “otra” manera. Dejar hacer a otros las cosas “a su modo”, el resultado es igual de bueno. Fiarse, confiar del cónyuge y de los hijos. Dejar hacer. Hacer hacer. Delegar efectivamente, es decir, no supervisando todo el proceso, sino sólo el resultado final y si nuestro hijo lo ha hecho mal, aprovecharemos para explicarle cómo se hace bien para la próxima vez.

Cuando se distribuye el trabajo y todos los miembros de la familia colaboran en sacar adelante el proyecto FAMILIA, habrá protestas y tiras y aflojas en determinados momentos, pero el resultado es impresionante: todos más relajados, “peinados” y sintiéndose cada uno una pieza clave del proyecto. 

 Elena Jiménez-Arellano Larrea


One Comment

  1. monica   22 junio, 2014 16:39 / Reply

    La verdad no sabia muy bien hacia donde iba dirigido este articulo y ¡me ha sorprendido! Me gusta sobre todo la parte en la que dice que las cosas se pueden hacer de otra manera, ¡que cierto es y cuanto cuesta! Es lo mas dificil de delegar, asumir como lo va ha hacer el otro. 

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