La Clotiruleta y el “Homo Ludens”

USAR EL JUEGO PARA MOTIVAR EL APRENDIZAJE

Anoche tuve la suerte de cenar y charlar con Rafa y Raúl, los creadores de #C21BeBrave, que nos contaron su trayectoria como emprendedores, y especialmente lo que han vivido desde el pasado lunes con el efecto #Clotiruleta.
Ellos, que usan Instagram para vender sus relojes, lanzaron una campaña entre sus seguidores a los que les proponían que después de “tirar a la #Clotiruleta” colgaran el resultado en su perfil citándoles. A cambio, un premio (bono de descuento) según el número de la #Clotiruleta.

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Pongamos la educación “Del revés”

EDUCAR CONTANDO CON LAS EMOCIONES

Genial la peli de Pixar. Yo, 100% identificada con la escena en la que Alegría tiene que arrastrar a Tristeza por los pasillos de la memoria  a largo plazo camino a su objetivo. Así se siente a veces el emprendedor: ¡sacando fuerzas de flaquezas y tirando hacia adelante arrastrando a Tristeza!

Genial la peli, porque nos mete de lleno en el mundo de las emociones; Explica como todas las emociones son válidas y todas las emociones bien “administradas” pueden ser una gran ayuda para ser feliz. Hasta el miedo -ya hablé de esto en un post- resulta muy positivo para alejarnos del peligro.

Los de mi generación no estamos acostumbrados ni a hablar de sentimientos, ni a considerar positivas emociones como la tristeza, el asco o la ira -siguiendo los ejemplos de la peli “Inside Out” de Pixar-

Tampoco nos han acompañado en nuestras aulas donde llorar delante de la profesora era un signo de absoluta debilidad o sonreír era hacerle la pelota…

emociones
Ahora, la siguiente generación tampoco sabe mucho de sentimientos. Ahora no tiene emociones “tienen”… emoticonos:  🙂  😉  =)  :O  De hecho, si tecleas emociones en Google imágenes, ¡lo que sale son miles de emoticonos!

Las emociones,  junto con la inteligencia y la voluntad  forman una triada heterogénea pero inseparable de lo que supone ser persona.

Cierto que inteligencia y voluntad están en otra liga -la de las facultades espirituales- mientras que los sentimientos juegan en la liga de las facultades sensibles, pero las tres juntas constituyen parte esencial del ser humano y obviar el papel de las emociones en nuestras vidas, en nuestro aprendizaje sería como obviar que tenemos ojos para ver y no usarlos.

David Perkins, uno de los fundadores del Project Zero de Harvard (1) subraya:

Una educación plena exige: un buen pensamiento, una voluntad bien educada y un buen manejo de las emociones.

Hasta ahora hemos educado y nos han educado contando sólo con dos de las tres patas de nuestras facultades como ser humano. ¿Qué hacemos desaprovechando un tercio de estas facultades cuando no incluimos las emociones en el aprendizaje? Pues… ¡caernos del taburete de dos patas! Taburetes hay de una, tres o cuatro patas, los de dos patas no se sostienen. Necesitamos la tercera pata: las emociones.

Contar con las emociones

Dice la R.A.E. que emoción es “Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.  Del estado de ánimo dice “Disposición en que se encuentra alguien, causada por una emoción”, es decir, las emociones dan lugar a estados de ánimo que a su vez generan disposiciones hacia algo.

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Las emociones son, por tanto, la puerta hacia la disposición positiva o negativa al aprendizaje. Mueven a acciones determinadas: una emoción positiva hacia el aprendizaje mueve a la curiosidad, ésta a la atención y de aquí a aprender más y mejor. Una emoción negativa bloquea las puertas e impide el aprendizaje.

Lo que sucede, es que las emociones son pasajeras ¿se reduce entonces el papel del profesor a emocionar al alumno en cada clase?

Contar con las emociones no es “producir emociones”. Errores de este enfoque.

No se trata de estar sorprendiendo al alumno todo el rato, generando distintas emociones. Esto, además de darnos mucho trabajo, sería ineficaz, porque una emoción sólo abre la puerta a una sala llena de cosas interesantes, pero lo que nos hace entrar e investigar, perseverar en el esfuerzo de avanzar, no son sólo los estados de ánimo, necesitamos también la voluntad bien educada y el pensamiento.

Para cambiar los resultados que conseguimos con nuestras clases no es necesario cambiar ni reducir los contenidos, sino cambiar el estado de ánimo de los alumnos hacia la educación.

¿Cómo se cambia el estado de ánimo de una clase?

La respuesta es, que para cambiar la emoción hay que cambiar el juicio que trae el alumno a la clase.

Para explicar esta afirmación os traigo este trailer de “Del Revés”, dura un minuto.

Y analicemos por partes lo que sucede:

1º HECHO REAL: A Riley le quieren dar de cenar brécol.

2º JUICIO DE RILEY (es un juicio de la inteligencia basado en conocimientos y experiencias previas. Muchas veces es automático. Muchas veces se hace por inferencia): “No sé lo qué es esto. Es verde. No es un dinosaurio. Huele mal.”

3º EMOCIÓN DE RILEY: “¡Qué asco!”

4º ACCIÓN: No se lo come y tira el plato de brécol volando por los aires. (¿os suena esta escena de algo?)

Este orden de “acontecimientos”:  hecho-juicio-emoción-acción, sucede siempre, de modo subconsciente en nuestro actuar. Si somos capaces de analizar conscientemente cada paso podremos actuar al nivel de las emociones ayudando al pensamiento (juicio o conocimiento) a dirigirse adecuadamente.

Para que Riley se coma el plato de brécol hay dos caminos:

A corto plazo: “El avión”

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Una emoción positiva como la producida por el “avión” puede hacer que se tome el brécol. Al menos la primera cucharada -por eso digo a corto plazo- pues si no le gusta, el segundo avioncito no aterrizará. Si le gusta, en cambio, habremos conseguido a través de una emoción positiva un aprendizaje nuevo: “el brécol, es verde y está bueno”. Ehhh… esto, la verdad, es que pasa pocas veces.

Bromas aparte, puede resultar muy eficaz en algunas ocasiones, cuando lo que queremos es dar a conocer algo nuevo. Es igual a cómo funcionan las muestras de cosméticos, las pruebas que nos ofrecen de comida en el supermercado o la prueba del coche en el concesionario. Aprovechando la emoción que nos produzca la prueba: “qué bien huele, qué rico, qué chulada de coche…” podemos conseguir que descubran que les gusta un producto que hasta entonces no habían probado y que de por sí no les hubiese atraído.

Con este procedimiento se busca un atajo por la vía de las emociones. Pero hay que ser cuidadoso de no sobreexplotarlo, pues explica lo que pasa cuando introducimos nuevas técnicas a la clase que aportan sólo un cambio emocional sin producir un cambio intelectual, puede suceder que quememos la metodología.

A largo plazo: El ejemplo y las razones

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El ejemplo es un motor de aprendizaje. Por eso nos encantan los super héroes. Ver cómo alguien es capaz de hacer con elegancia y sencillez algo costoso nos da pistas de cómo afrontarlo y nos permite hacer un aprendizaje sobre la práctica. El ejemplo es muy importante en la educación también por lo que aporta de coherencia. Deseduca decir una cosa y hacer otra. Con el ejemplo además se generan unas emociones positivas y de posibilidad que anima a hacer cosas difíciles.

Las razones, en cambio,  aportan al intelecto apoyos teóricos necesarios para utilizarlos en otros momentos. Se ha terminado el “porque lo digo yo” y comienza la “pesadilla” de dar siempre respuesta a todos los “porqués” de hijos y educandos. Los “porqués”, además, muchas veces no los formulan  en voz alta, por eso el profesor y el padre tiene que saber identificar dónde debe poner cimientos intelectuales. Para esto hace falta empatía. Es decir, que el reconocimiento de las emociones también aquí juega su papel.

Cómo contar con las emociones en clase.

Daniel Goleman (2) afirma que

El cociente intelectual sólo predice entre el 4 y el 10 por ciento del éxito profesional, mientras que el 80-90 por ciento dependen más de habilidades relacionadas con la inteligencia emocional (3) 

Educar las emociones es esencial cuando se pretende formar integralmente a la persona.

Dar legitimidad a las emociones: permitirlas
Todas las emociones son válidas, todas surgen por algo y tiene una misión que cumplir. Por eso todas son legítimas y como educadores debemos reconocer el valor de cada una. Es cierto que si en una clase se ha creado un ambiente de agresividad, como las emociones son contagiosas, el profesor se contagia de esa emoción y debe gestionar primero la suya para ayudar a la clase a hacer lo propio. Cuando somos conscientes  y hábiles en el control de las emociones y enseñamos a nuestros alumnos a reconocerlas, validarlas en la función que tienen y a gestionarlas, les estamos proporcionando una herramienta eficaz para el aprendizaje y para la vida.

Enseñar a hablar de emociones
Cuando enseñamos a nuestros alumnos a expresar sus emociones de modo correcto les estamos enseñando a encontrar la salida de las situaciones no deseadas. Por ejemplo “Estoy enfadado porque tenemos muchos deberes y eso me impide jugar el partido de fútbol con mis amigos” permiten al profesor facilitarle estrategias para hacer ambas cosas (si es posible) o que entienda la necesidad en ese caso de renunciar a veces a lo que nos apetece por lo que tenemos que hacer. Con la práctica, el propio alumno ve la puerta de salida de su enfado. Si el alumno no expresa su emoción correctamente, sólo notamos que tenemos un alumno enfadado, con cara mustia y de mala gana que nos está boicoteando la clase.

Enseñar a manejar las emociones
Os aconsejo la lectura de este artículo de Valeria Sabater donde explica por edades qué conocimiento, comprensión y control de las emociones son necesarias para desenvolverse adecuadamente en la sociedad. Está demostrado que las personas con una mayor inteligencia emocional son capaces de afrontar las cosas de cada día de un modo más eficiente y más feliz.

El pasado miércoles me interpeló un profesor preguntándome si creía de verdad que las nuevas metodologías como el PBL, TBL, Cooperativo, Flipped Classroom, etc, eran algo más que una moda. Me preguntaba que si yo creía de verdad que el “método tradicional” ya no servía para enseñar, y no quedaba otro camino más que cambiar la metodología.

lectura en el campo
No necesité contestar, una profesora de lengua y literatura lo hizo por mi: ” Me encanta dar clases. Me apasiona lo que hago y siempre he transmitido esta pasión a mis alumnas. Hasta hace unos años. No sé porqué, pero no conseguía la magia que había antes. ¿Estaré “quemada”? Por esas fechas asistí a un congreso donde se hablaba de la metodología cooperativa de los hermanos Johnson y comencé a hacer mis pinitos en clase. El cambio fue radical. Mis alumnos y yo volvimos a disfrutar de nuevo con cada clase. Ahora combino la metodología cooperativa con el aprendizaje por proyectos y hay días en los que acabamos la clase aplaudiendo. Yo salgo  siempre con una sonrisa; agotada, pero muy contenta”

Como veis en este testimonio no se habla de contenidos. Yo estoy segura que la profesora de lengua y literatura seguía siendo igual de buena (me consta que ha conseguido resultados brillantes en pruebas externas durante muchos años) al impartir los contenidos  con la nueva metodología.

El hecho es que aquí no habla de contenidos, habla de emociones: pasión, magia, sonrisa, disfrutar, estar contento….

¿Abrimos esa puerta?

Elena Jiménez-Arellano Larrea

(1) Recomiendo leer este blog sobre sus últimas publicaciones en castellano: http://enlaescuela.aprenderapensar.net/2010/10/26/david-perkins-%E2%80%93-el-aprendizaje-pleno/

(2) Inteligencia Emocional. daniel Goleman. Kairós. 1995

(3) http://www.hacerfamilia.com/educacion/noticia-claves-educar-emociones-habilidades-sociales-20140612130715.html

¡Al toro de las competencias!

LA PROGRAMACIÓN Y LA EVALUACIÓN DE LAS COMPETENCIAS. Se acercan los sanfermines y me van a perdonar los pamplonicas, por usar el símil de correr delante del toro con la adrenalina corriendo por las venas y la incertidumbre de si me pillará el toro o me dará tiempo a retirarme de delante de sus cuernos, como un ejemplo de lo que nos puede estar pasando en los colegios a la hora de implantar el aprendizaje por competencias.

Aún está saliendo la legislación para implementarla y ya nos exigen su programación y evaluación. Así que con las prisas, corriendo delante del toro, muchos colegios han hecho lo que han podido o lo que les ha dado tiempo.

Y en algunos casos el resultado no está siendo nada satisfactorio: ni para los profesores, ni para los alumnos.

He visto con mis propios ojos lo que ya llamé efecto Lampedusa: todos los profesores haciendo un trabajo ingente para programar sus asignaturas por competencias y a la vez diseñando unas hojas de evaluaciones que ¡riéte tu de las famosas sábanas!, total “pa ná” porque luego llegan al aula y siguen enseñando como antes. Sólo que ahora evalúan muchas más cosas y vuelven locos a sus alumnos con los nuevos criterios de evaluación que no entiende ni el profesor.

He visto sistemas que evalúan cada una de las competencias en una hoja aparte por cada asignatura. Es decir, un sistema que obliga al profesor a llevar a la evaluación al menos 9 hojas por clase y asignatura: una de valoración de conocimientos y 8 de competencias!!

¿Cómo podemos evitar esto de aumentar la complejidad de la programación y de la evaluación de las competencias?
Frente al “método tradicional” de: ” A la vuelta del verano quiero que todos traigáis las programaciones ya hechas por competencias” yo propongo el trabajo colaborativo entre profesores -guiados por un líder interno o un especialista externo- para elaborar un plan coherente de programaciones.

Es verdad que este trabajo requiere más tiempo, pero permite a todos los profesores reflexionar sobre su tarea, limitar el burn-out al trabajar en equipo y compartir la desdicha de tener que hacer, de nuevo, una nueva programación.

Como requiere más tiempo nos arriesgamos a recibir una “colleja” de la inspección. “¡Qué miedo!” “¿Y si viene la inspección y aún no hemos programado por competencias?”

Para solucionar esto, dentro del “método tradicional” existe el afamado “copy-paste” por el cual en algunos países más allá de los Pirineos, aquí en España no pasa nunca,  lo que presentan a la inspección es una cuasi-reproducción de lo que nos han presentado las editoriales, mientras el profesor se guía por otra cosa.

Es verdad que con la incertidumbre política no sabemos si las editoriales seguirán trabajando en esa dirección. Y aprovecho para hacer una reflexión que me reconcome las entrañas ¿porqué tiene que depender tanto el sistema educativo del partido que gobierne? ¿no sería conveniente un pacto de Estado para que los cambios en educación no dependan de los gustos políticos sino de las reales necesidades de la mejora educativa?

Pues si las editoriales nos fallan, seguro que “el método tradicional tiene otra herramienta disponible para darnos ese tiempo que necesitamos. Un poco de pensamiento creativo nunca nos ha faltado a los españoles y menos en el sector educativo.El “método tradicional” tiene su sabiduría y es que sabe más por viejo que por diablo.

Señores, no se escandalicen, que el “método tradicional” lo he visto hacer más allá de los Pirineos.

Así, mientras la inspección se entretiene revisando las programaciones que les ofrecemos, tenemos que sacar tiempo para trabajar en equipo la programación de cada asignatura por competencias de un modo que sea eficaz para el aprendizaje, bueno para el profesor y excelente para el alumno.

Para hacer las programaciones por competencias es necesario tener delante un cierto material:

  1. La legislación vigente de la LOMCE (ay mamma!! que no sé cuánto nos va a durar con estos cambios políticos!!)
  2. La legislación correspondiente de la Comunidad Autónoma (sic!)
  3. El ideario del centro y sus principios educativos. Proyecto educativo o Proyecto de Centro. Sería bueno si tenemos en algún sitio descrito el perfil de alumnos “producto final” de nuestro colegio. Si no lo tenemos es bueno detenerse un poco a discutirlo y “dibujarlo”: ¿qué características buscamos que tenga el alumno que se gradúa en nuestro centro? ¿qué perfil? ¿por qué cosas destaca o nos gustaría que lo hiciera?
  4. He hecho una recopilación de documentos sobre aprendizaje por competencias que incluye desde el Informe Delors de la UNESCO hasta “Definitions and selection of Key Competencies” de DeSeCo de la OCDE aquí: http://issuu.com/inspirandotalentoitem que espero que os sea útil para cuando necesitéis iluminar algún concepto o enfoque.

Con estos elementos y siguiendo el procedimiento explicado en el post anterior es posible hacer una programación de las competencias que no suponga  hacer una barbaridad de trabajo para que todo siga como antes (Efecto Lampedusa)

¿Que necesitas ayuda? No dejes de escribirnos a aprenderxcompetencias@inspirandotalento.com Os ayudamos con consejos puntuales, consultoría a los directivos sobre cómo enfocar las competencias, acompañamiento a los profesores en la elaboración  de las programaciones y muchas cosas más que nos podáis sugerir.

Y recuerda: las Competencias han venido para quedarse. No son una moda pasajera. Es una tendencia educativa avalada por muchos organismos internacionales: Naciones Unidas, Unión Europea y OECD. Aunque cambiaren la ley las COMPETENCIAS se quedan.

P.S. Ya sé que ando muy insistente con las competencias, aunque tengo también borradores sobre el bilinguismo, la flipped classroom, sobre innovar sin permiso, sobre la valentía de los profesores y alguna que otra cosa más para poner deberes a los padres cara a las vacaciones…Se admiten sugerencias sobre el orden de los contenidos. 😉

Elena Jiménez-Arellano Larrea

No te despeines y verás que va mejor.

TRADUCCIÓN LIBRE DE “KEEP CALM AND GO ON”
La especialización, que en economía llamamos división del trabajo -copio de wikipedia y sé que me la voy a cargar con los académicos por usar esta fuente- es la especialización y cooperación de las fuerzas laborales en diferentes tareas y roles, con el objetivo de mejorar la eficiencia.

Aunque es consustancial a toda actividad humana desde la prehistoria, se intensificó con la revolución industrial. Es decir, que no es una nueva tecnología recién descubierta y aún así, hay personas que parecen desconocer en la práctica sus beneficios amontonando sobre sus cabezas y sus hombros cargas enormes a la medida de titanes.

Estos son los beneficios de la división del trabajo:

  1. Ahorro de capital: cada trabajador no tiene que disponer de todas las herramientas que necesitaría para las distintas funciones. Ni tiene que saber de todo.
  2. Ahorro de tiempo: se producen los beneficios de la curva de aprendizaje y la curva de experiencia: al repetir una tarea cada vez se hace mejor y en menos tiempo.
  3. Disminuye el error al ser los trabajos a realizar por cada operario más sencillos y personal con menos experiencia puede incorporarse al mercado laboral. 

Si quien está leyendo estas líneas es progenitor/a o profesor/a, ponga en vez de trabajador la palabra hijo o alumno y compruebe cómo suena.

El hombre del renacimiento -representado por personajes como Leonardo Da Vinci, Newton, Galileo, Cervantes, Miguel Ángel, etc- tiene un atractivo innegable: sabían a la vez de ciencias, de ingeniería, pintaban, esculpían, eran filósofos y músicos, escribían con maestría y un largo etcétera.

Con tanto atractivo, hoy en día querríamos emular a estos genios del renacimiento viviendo una vida de hombre orquesta, de multitarea, de frenesí para llegar a todo, y vamos buscando un resultado así:

monalisa original

Cuando en realidad acabamos así:

MOna lisa despeinada

Porque nos olvidamos de un par de cosas.

Primero: esos renacentistas fueron ciertamente admirables, pero  no todas las personas del Renacimiento eran así sino sólo unos pocos: los genios. El resto de los humanos de entonces serían más parecido a nosotros: no sabrían tocar el laúd, ni construir una catapulta mientras dibujaban el rostro de su amada en una pintura inimitable, tampoco sabrían nada del firmamento y del cosmos ni de genética. Serían personas estupendamente renacentistas que a lo máximo sabrían hacer bien una sola actividad de la lista u otra distinta.

Y la segunda cosa de la que nos olvidamos es, como canta la zarzuela: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”[1] Es francamente difícil ser renacentista hoy en día porque todas las ciencias han progresado en profundidad y amplitud y es ciertamente costoso abarcar unas cuantas ciencias con soltura a menos que seas un superdotado.

chiste ama de casa
“Se me pasan las mañanas sin hacer nada” me decía una madre de familia: “levanto a los niños, doy desayunos, pongo lavadoras y limpio antes de llevarles al cole, voy a pilates, hago la compra, cocino… ¡y ya regresan los niños a comer y no he hecho nada!!!”…sic. Yo creo que quería decir que lo único que no había hecho en toda la mañana era sentarse y planificar con serenidad la semana como ella quería. Hacemos mil cosas y cuando llegamos a casa de trabajar, como si tampoco hubiéramos hecho nada, nos ponemos con ellos a hacer deberes, dibujos, actividades manuales y una representación del sistema solar en 3D: es decir con bolas de poliuretano de distintos tamaños unidas por alambres….¡pero si a ti en el colegio eso se me daba fatal!!! ¿Qué haces ahora haciendo ese trabajo de tus hijos?

Con frecuencia nos damos cuenta de esta situación y nos gustaría hacer algo, pero parece que las circunstancias nos obligan a dar el do de pecho, a no rendir las armas, a darlo todo… Enseñamos a tocar la flauta a nuestros hijos aunque nosotros nunca aprendimos, les hacemos los deberes, también les recogemos su juguetes, su cuarto, su armario, les recogemos sus platos de la mesa y los metemos en el lavaplatos, como si ellos no supieran…

Lo primero que te digo es que no tienes que hacerlo tu todo.  Es verdad que los adultos sabemos hacer las cosas mejor y antes que nuestros hijos pero… ¿de qué le sirve a tu hijo eso? Y ¿para qué te sirve a ti?

Entonces ¿Qué podemos hacer para salir de esta situación?

Te doy unos cuantos trucos que deberás ensayar con empeño, porque estamos habituados a lo contrario.

 

  1. Aprender a decir que no. Y ver que no pasa nada cuando tenemos que decir a alguien que no asumimos otra carga más. Los deberes son de mis hijos, no míos. Si llega al colegio sin hacerlos se ganará una mala nota y aprenderá a ser responsable y a asumir las consecuencias de sus actos, que es aprender el precio de la libertad.
  2. Reconocer nuestra vulnerabilidad y pedir ayuda: esto supone humildad para decir en voz alta: no llego, ¿me ayudas? Es muy eficaz organizar después una distribución de las tareas de la casa: nuestros hijos  pueden ayudar con encargos conforme a su edad y de hecho les beneficiará mucho hacerlo, porque así aprenden. Con los encargos no les damos cargas sino alas. Distribuir las tareas también entre el matrimonio.
  3. Aceptar con humildad que las cosas también se hacen bien de “otra” manera. Dejar hacer a otros las cosas “a su modo”, el resultado es igual de bueno. Fiarse, confiar del cónyuge y de los hijos. Dejar hacer. Hacer hacer. Delegar efectivamente, es decir, no supervisando todo el proceso, sino sólo el resultado final y si nuestro hijo lo ha hecho mal, aprovecharemos para explicarle cómo se hace bien para la próxima vez.

Cuando se distribuye el trabajo y todos los miembros de la familia colaboran en sacar adelante el proyecto FAMILIA, habrá protestas y tiras y aflojas en determinados momentos, pero el resultado es impresionante: todos más relajados, “peinados” y sintiéndose cada uno una pieza clave del proyecto. 

 Elena Jiménez-Arellano Larrea


Los profesores son los delanteros ¡y marcan GOOOOL!!

EL PROFESOR ES LA CLAVE EN UN COLEGIO

Ayer comenzó el mundial. Montajes de pantallas por todo Madrid para ver los partidos, elegantes tiendas de ropa masculina han decorado sus escaparates con motivos futbolísticos, McDonalds se ha inventado la hamburguesa pelota, se vende helado “de la roja”… Si no hablo de fútbol sé que mi blog va a estar muerto. Así que aquí me tenéis hablando de fútbol… Los que me conocen no se lo creen.

Claro, que yo vengo a hablar “de mi futbol”: del partido impresionante que se juega en las aulas y en el que los profesores son los delanteros.

Hablaba la semana pasada sobre la imprescindible la participación del profesorado en el proceso de revolución, innovación y cambio al que propongo someter al sistema educativo. Afirmaba rotundamente que los cambios no pueden venir “de arriba” del Ministerio de Educación, y que si los equipos directivos de los colegios querían hacer una revolución efectiva y eficiente debían contar con sus equipos de profesores.

La clave son los profesores. La clave es tener un equipo motivado y 100% competente.

Vale, ¿y qué hago si tengo un equipo de profesores quemados y hartos de tanta reforma, de tanto cambio, de tanta crisis, de tanto recorte, de…?

Pues te diré que toca motivarles. Aunque ya dije en un post anterior que “desde fuera” no se puede motivar si uno no quiere, al menos podemos hacer lo que dice el Prof. Miguel Angel Ariño, “Lo que hay que hacer es no desmotivar”.

Pero ¿cómo? ¿Cómo podemos motivar al profesorado, no sólo a corto plazo sino a largo plazo, para que sean de verdad los artífices de la necesaria revolución?

Os recomiendo este vídeo en el que los jugadores de la selección del 2010 cuentan cómo es posible ganar un mundial superando el desánimo inicial. Es largo, dura 1 hora y quizá quieras verlo después de leer el artículo.

Esto vale también para los profesores, pero concretemos paso a paso las propuestas de algunas de las cosas que no funcionan y las estrategias que si funcionan.

No funciona para motivar

  1. Intentar motivar con un sistema de remuneración. Subir sueldos o asociar un variable a objetivos, o a una evaluación del desempeño, no funciona.[2] Como decía el Prof. Pérez López, estaríamos usando una motivación extrínseca que es cortoplacista y además no sacia.
  2. Tampoco bajando ratios de alumnos por clase. Esta estrategia sólo ayuda si va unido a una estrategia completa que le dé sentido, pero no sirve per se para dar motivación al profesorado.[3] El estudio realizado en España con la bajada de la ratio alumno por profesor demuestra que no mejora los resultados per se.

Estrategias que sí funcionan y motivan

PRIMERO: La selección está formada con los mejores jugadores de cada equipo.
Necesitamos prestigiar al profesorado en la sociedad. El prestigio de una persona viene generalmente de sus antecedentes de formación y buenos resultados previos. Como claramente los resultados no están siendo los mejores, no sólo porque lo diga PISA sino porque lo dice la tasa de paro juvenil, hay que pensar seriamente en represtigiar la carrera docente. Os propongo la siguiente reflexión:

Mientras en Finlandia este es el proceso de acceso a la carrera docente:

  • Sólo los estudiantes con mejores expedientes académicos y más elevadas calificaciones en la reválida  pueden plantearse ser profesores. La nota media del Bachillerato y de la reválida deben superar el nueve sobre diez.
  • Después se presentan a una prueba nacional para acceder a la carrera docente, donde también
  • Se tiene en cuenta si el aspirante lleva a cabo actividades de voluntariado, tiene experiencia profesional, otros estudios
  • Los aspirantes pasan a la segunda fase en la que cada universidad realiza las pruebas que estima oportunas: El resumen de una lectura de un libro, una explicación de un tema ante una pequeña clase, demostrar aptitudes artísticas (dibujar, música…), una prueba de matemáticas y otra sobre tecnologías de la información.
  • Para terminar, uno de los aspectos esenciales es la entrevista, donde se comprueba que el aspirante tiene las propiedades necesarias: capacidad de comunicación, actitud social y empatía. Si no las tiene o no las puede incorporar, se prescinde de él y no accede a la formación.

En España las escuelas de magisterio no hacen una selección tan depurada, en muchas se pide apenas un aprobado en el bachillerato y peor, no evalúan la capacidad de enseñar. Parece que a estudiar para maestros van solo los que no pueden estudiar otra cosa.

El represtigiar la carrera docente no se necesita una reforma educativa, sino que las escuelas que se precien mejoren sus requisitos de admisión incluyendo la valoración de habilidades sociales.

SEGUNDO: Entrenar, entrenar, entrenar y practicar las nuevas estrategias. La selección dedica mucho a  calentar bien, practicar las estrategias, ensayar los pases.
 Formación continua del profesorado.  Mientras esto se arregla ¿Qué hacemos con los profesores que ya tenemos? Formarles, formarles, formarles. En herramientas docentes, en psicología del alumnado e inteligencia emocional, en modo de impartir los valores, en cómo desarrollarse profesional y  personalmente.                                                  Esta formación continua es crucial y no se puede impartir al tun-tun, llevados por las modas del momento: este año tenemos un curso de sofronización y al siguiente de cómo usar una tablet….Es necesario organizar muy bien el plan de formación del profesorado.

Para eso recomiendo usar las herramientas de evaluación del desempeño. Otro día explicaré cómo.

TERCERO: El objetivo es marcar gol. Un partido de fútbol no es un ballet. La pelota no sigue un guión preestablecido y habrá que gestionar esa improvisación del esférico con iniciativa y audacia.
Dar autonomía al profesor para que pueda desarrollar con creatividad el plan académico. Me encanta una frase que aprendí: si quieres que alguien se haga responsable de los resultados de su trabajo y disfrute haciéndolo dale el “qué” y regálale el “cómo”.

Esto incluye un factor muy importante: el “qué” debe ser inspirador, positivo, amplio, compartido. Dales una visión con la que cambiar el mundo.

 

CUARTO: La Roja estudia qué hace el equipo adversario: los jugadores pasan horas analizando los vídeos de anteriores partidos para analizar al competidor y tratar de anular su modelo de ataque con una defensa ad hoc.
Establecer un sistema para compartir buenas prácticas y un sistema colaborativo entre profesores.
Muchos profesores son geniales haciendo algo que da unos resultados buenísimos. Muchas veces eso se queda recluido en esa clase o en la materia que imparte. A veces un colegio ha empezado a utilizar un sistema o ha desarrollado un programa que se demuestra ampliamente eficaz. ¿Por qué no compartirlo?
Cuando se comparte todos se enriquecen, también el que da, porque se obliga a poner en orden su metodología.

 

QUINTO. El Mister tiene que conseguir hacer equipo.
Los jugadores-profesores se hacen equipo cuando participan 100% de la Misión del centro educativo y son partícipes de la elaboración de la estrategia. En un equipo cada uno tiene un papel, unas fortalezas y unas debilidades que son cubiertas por las fortalezas de los otros. Cada miembro del equipo mejora cuando juega porque las mejores técnicas y las más exitosas se imponen.

 

¡¡¡A POR LA SEGUNDA ESTRELLA EN NUESTRA CAMISETA!!!! [3]¿Que no es fácil? ¿Quién dijo que fuera fácil?  Es un reto, un reto precioso en el que salen ganando profesores, alumnos y la sociedad entera.

Como decía Steve Jobs:

Porque las personas que están lo suficientemente locas para pensar que pueden cambiar el mundo son las que realmente lo cambian

Elena Jiménez-Arellano Larrea

 


[1] Te recomiendo leer este artículo:  http://miguelarino.com/2014/05/22/profecias-autocumplidas/

[2] MONTSERRAT GOMENDIO KINDELAN Los agentes de la transformación educativa. El PaísEducación.30/05/2014

“En España la inversión en educación se duplicó en la década del 2000-2010, destinándose principalmente a disminuir la ratio alumno/profesor y a aumentar el salario de los profesores. Como consecuencia, en España la ratio está por debajo de la media de la OCDE, y el salario de los profesores por encima. Si comparamos el salario de los docentes con el de otros profesionales con estudios superiores, en nuestro país es un 40% superior, la mayor ventaja salarial de toda la OCDE. El nivel salarial de  los docentes no es la raíz del problema” Del problema de los malos resultados en el examen PISA.

[3]  La FIFA decidió que cada campeonato mundial ganado por un país sería condecorado con una estrella en la camiseta. Por tanto, tantos mundiales tantas estrellas. De esta forma, Brasil (con 5), Italia (4), Alemania (3), Argentina (2), Francia (1), Inglaterra (1) y España (1) gozan de este símbolo en sus camisetas.

¡A mí, que me motiven!

Como el antiguo grito de ¡A mí la Guardia!, cada día es más frecuente oír: “¡A mí, que me motiven!”. También se escucha: “No hago tal, porque el profesor/padre/jefe no me motiva”.  Pero yo repito una y otra vez: el verbo motivar sólo existe como acción interior: “estar motivado” y nunca como acción hacia el exterior: “motivar a alguien”.

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El concepto  de motivación hoy en día es confuso para muchas personas, especialmente para nuestros estudiantes nativos digitales-generación X, Y y Z-hijos que viven en la crisis pero educados en la opulencia- hastiados de tanto tener y de poco ser.  Nuestros adolescentes y jóvenes no entienden que no se puede decir “a mí, que me motiven” porque esa paráfrasis verbal no existe. Es como decir “a mí, que me hagan la digestión” o “a mí, que me respiren”.

Defino la motivación como la capacidad personal que permite a la persona realizar tareas de tal manera que el esfuerzo preciso para lograr el objetivo es menor, en el camino se sobrepasan las meras obligaciones y se obtiene una enorme satisfacción.

Al ser una capacidad personal, implica que cada persona se motiva o está motivado para realizar una determinada tarea; que la motivación es voluntaria y que desde fuera nadie puede hacer que nos motivemos si no queremos motivarnos.

¡¡Horror!! ¿y todos esos años que nos hemos pasado escuchando cosas como “hay que motivar a los alumnos/hijos para que hagan tal y cual”? Años perdidos, saliva malgastada y concepto erróneo en la mente que produce y ha producido muchos malestares. Si, muchos malos ratos de los padres pensando ¿qué puedo hacer para motivar a mi hijo a que sea más deportista, ordenado, trabajador,…? O profesores pensando ¿qué puedo hacer para motivar a mis alumnos a estudiar mi materia? Respirad hondo y destensar músculos: no podemos hacer nada para motivar a otro.

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¿Entonces? No podemos motivar. Pero si podemos conseguir el resultado que pretendemos cuando queremos que nuestros alumnos e hijos actúen motivados actuando de otra manera: inspirando con el ejemplo y mostrando la belleza de las cosas que queremos que hagan, en definitiva, mostrando el atractivo lo bueno.

Del último informe PISA sale esta definición: “La motivación hacia el aprendizaje es el grado en que los estudiantes se esfuerzan para alcanzar las metas académicas que perciben como importantes y valiosas.”

No considero que sea una buena definición de motivación, pero creo que nos ilumina en un aspecto: que las personas se esfuerzan para conseguir aquello que consideran importante y valioso.

Y eso sí que lo podemos hacer padres y educadores. Ahí está dónde debemos poner el esfuerzo, en mostrar qué cosas son importantes y valiosas ¿Queremos que sean deportistas? Hagamos deporte con ellos, que cuando volvamos con ellos de un partido que han jugado con su equipo no les “repasemos” los errores cometidos, sino que alabemos lo positivo, aunque sólo sea el hecho de haber madrugado para ir al partido. ¿Queremos que lean? Leamos con ellos. Os recuerdo aquí la estrategia de Daniel Pennac en su libro “Como una novela”. ¿Queremos que estudien? Mostrémosles la meta, el futuro que se abre infinito ante ellos, lleno de posibilidades, lleno de puertas abiertas, lleno de aventuras, sueños hechos realidad.

Eso sí que está en nuestra mano. A través de la educación padres y profesores hemos de esforzarnos por mostrar la belleza de las cosas importantes y valiosas a nuestros hijos y alumnos para que ellos “decidan” motivarse. Los queremos motivados porque la motivación, además de hacer la vida más fácil -el esfuerzo para conseguir un logro se percibe como menor- es uno de los factores más influyentes en el aprendizaje.

Y porque queremos que estén motivados, lo más importante que les podemos enseñar es que los fracasos no son tales: son aprendizajes: “¡la próxima vez lo harás mejor!”. Lo propio de un estudiante es enfrentarse a lo desconocido y es por lo tanto muy natural que se cometan errores en un camino que no se ha hecho antes. Ayudarles a reflexionar sobre la lección aprendida de cada tropezón. Sacar siempre algo bueno de un suspenso. Preguntarles ¿Qué has aprendido de este suspenso? ¿Qué cosa distinta vas a hacer mejor la próxima vez?

Lo importante en el proceso de aprendizaje no es aprenderse el mapa físico de Asia de memoria, sino aprender estrategias para aprender. Aprender a conocerse a uno mismo. Aprender a desarrollar capacidades, habilidades. Aprender a conocer dónde están sus puntos fuertes y débiles en el aprendizaje. Aprender que la mente es plástica y que lo que hoy parece imposible se logrará, quizá por otro camino. Aprender a mejorar como persona: a ser paciente, humilde, resilente, constante, inquisitivo, tenaz, alegre, ayudador…

Y no olvidemos estas dos ideas que no son nuevas pero que el último informe PISA ha vuelto a subrayar:

1. “La capacidad de los estudiantes para obtener altos rendimientos depende de sus creencias”[1]  Aquéllos alumnos que perciben que tienen buena capacidad tendrán una motivación elevada y se atribuirán altas posibilidades de éxito. Por el contrario, aquéllos estudiantes que piensan que tienen baja capacidad se atribuirán pocas posibilidades de éxito y tendrán una baja motivación. Es casi una profecía auto-cumplida.

Teniendo en cuenta además que las expectativas que los alumnos tienen de sí mismos no siempre son acordes con su talento ni con sus capacidades de aprendizaje, es tan importante que cuenten con alguien que confía en ellos, en su capacidad de desarrollo, en su capacidad de mejorar, en su capacidad de crecer.

Padres y profesores deben reforzar siempre lo positivo, especialmente con los “malos estudiantes”. Siempre se puede animar a “el que la sigue la consigue” alentando su resilencia, perseverancia en el esfuerzo y confianza en sus capacidades  o “hay muchos caminos que llevan a Roma” mostrándo que el objetivo final no son la lista de los reyes Godos de memoria, sino la creatividad que está desarrollando para retener esa lista usando otras estrategias que no la memorística.

2. Si el alumno piensa que su éxito en el futuro depende de lo aprendido en la escuela, su motivación aumentará. Por eso los educadores tenemos que esforzarnos por mostrar “la vista aérea” de lo que vamos enseñando: la perspectiva global. Sin un énfasis utilitarista que reduciría mucho el valor de las cosas, siempre es interesante mostrar el “para qué”. El futuro tiene todo el poder de atracción, porque es donde vamos a pasar el resto de nuestra vida.  De ahí que les mostremos siempre un abanico amplio de posibilidades, que les enseñemos a no cerrarse puertas y a no auto-limitarse. Cuando el aprendizaje señala al futuro, a un futuro optimista y prometedor, se obtiene un compromiso con el aprendizaje que hace que la motivación pueda durar mucho tiempo.

Esta motivación, que el profesor del IESE Pérez López, llamaba motivación trascendental, es la que hace decir al que pica piedra en una cantera que está construyendo una catedral.

Elena Jiménez Arellano Larrea


[1] PISA IN FOCUS “¿Tiene los estudiantes la motivación para lograr el éxito?”

http://issuu.com/fomento/docs/pisa-in-focus-n37-esp-final/2?e=5263158/7652066

Media botella de ginebra me da…para un gin-tonic con 5 amigos

SÉ POSITIVO, SALDRÁS GANANDO

La comida de domingo ha sido muy acalorada. Ante la retahíla de noticias negativas, pesimistas y tristes que mis veneradas tías exponían haciendo un resumen de la semana, del mes y del año, me he rebelado. Y he hecho un precioso discurso de lo importante que es que los españoles diéramos un vuelco a un españolismo que tenemos metido hasta los tuétanos que consiste en hablar siempre mal de nuestro país, de nuestras instituciones y de la actual situación.  Y me lamento, ¿es esto de verdad parte de nuestra cultura? ¿es esto un españolismo cultural? Me gustaría decir que no, que eso no forma parte de nuestra cultura, que como define Javier Gomá [1] es “universo de ideales colectivos que cohesionan una sociedad y que cada generación debe transmitir a la siguiente”.  No sé si será cultura, lo que sí que es cierto es que lo veo reflejado en todos los niveles: en mis alumnos españoles, en parte de mi familia, en algunas de mis amistades. Porque acabado mi ardoroso discurso de lo importante que es ser positivo, ver lo bueno de nuestro país, de ver lo positivo de nuestra situación actual y de nuestras instituciones y avanzar hacia adelante, una de mis tías remacha: “pero la verdad es que hay mucho paro”.

Casi me pongo a llorar. El problema del paro es muy doloroso y afecta muy hondamente a las personas y a sus familias. Lo puedo decir, estoy tratando de salir de él. Pero el problema que tenemos en España es que siempre miramos a la mitad vacía de la botella, sin darnos cuenta que de este modo miramos al pasado y no al futuro.

gintonic en jardin2

Mirar a la mitad vacía no beneficia a nadie, gin-tonics bebidos en vez de gin-tonics por beber, porque no mueve a la acción reparadora, sino a la inacción, la queja y la tristeza. Mirando en cambio a la mitad llena puedo  decir: “me da para tomar unos cuantos gin and tonics con amigos”. Y con esa alegría en el corazón emprender las acciones que con la losa de la negatividad sobre el corazón nos resulta imposible.

Las emociones son ciertamente libres, y cuando aparecen nos impulsan a actuar de una determinada manera. La pena, la emoción negativa de “yo no puedo”, “esto no hay quien lo cambie”, “ufff qué difícil” nos paraliza, ciega la creatividad, nos añade kilos a las piernas impidiendo el movimiento. Y desde luego es una posición buenísima para los perezosos: si algo es imposible ¿porqué he de molestarme en moverme para cambiar nada?. Con una actitud pesimista uno se protege del dolor del esfuerzo y de la lucha y sobre todo de los posibles fracasos.

En cambio una actitud positiva de “yo puedo” y “es posible” exige ponerse en camino para alcanzar esa posibilidad. Es una posición incómoda. Es la posición hacia los grandes horizontes lejanos, hacia lo imposible, hacia el infinito y más allá. Y requiere salir a romperse la cara. Yo entiendo que a algunos les pille cansados. Pero a esos cansados le pido silencio. Silencio y mirada aprobatoria para esos que quieren lanzarse a disfrutar de la mitad llena de la botella de ginebra.

Y porque las emociones nos facilitan o dificultan para la acción debemos de gestionarlas. Si quiero hacer algo por mi, por mi familia, por mi ciudad, por mi país, debo ahogar las emociones negativas en un mar de emociones positivas.  Pero ¿cómo se hace esto?. Una vez oí a  Carlos Andreu decir que las emociones negativas pueden durar hasta 5 horas si no hacemos algo para salir de ellas, mientras que el influjo de las emociones positivas dura  sólo 2 horas. Entonces: tenemos que romperle el saque a la emoción negativa. Hay muchas herramientas para ello: hacer ejercicio o deporte, pasear al aire libre, tomarse una caña con los amigos, celebrarlo todo, pero sobre todo, prestar atención a nuestras palabras, al tono de nuestras conversaciones.

Ayer, me acuso, ví la última peli de Harry Potter (Harry entra dentro de mis héroes de ropas destrozadas, que genera las habilidades que requiere su misión a fuerza de luchar por el éxito de la misma y de dejarse la vida por el camino). En esa película, Dumbledore le dice a Harry:

Siempre me he jactado de mi habilidad para jugar con las frases, las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infligir daño,… y de remediarlo.

Escalada Cris
¡Usemos las palabras! Usemos su inagotable fuente de magia. Mantengamos conversaciones positivas, optimistas. Habrá veces que el tema no lo permite, entonces calla, calla y cambia de tema. La conversación negativa es como tirarse por un tobogán: fácil y cada vez más rápido. Tener conversaciones positivas, buscar temas de conversación positivos, cosas bonitas que decir de las personas, se parece más a una escalada: hay que ir buscando los salientes a los que agarrarse, pero el nivel de adrenalina es mayor al final.

Como decía el entrenador del Barça, Van Gaal: “siempre positivo, nunca negativo”. (Lo siento papá, no he encontrado una frase tan ad-hoc de un entrenador del Madrid)

Siendo positivos las dificultades son las mismas, pero se ven como retos, no como problemas y las cosas fluyen mejor.

Y me diréis: “¡Claro, con media botella de ginebra en el cuerpo todo se ve de color de rosa!” Y yo os diré: no me he bebido media botella, sólo una copa. El resto, mis amigos, mientras charlábamos de lo bella que es la vida, y de cómo vamos a mejorarla.

Elena Jiménez-Arellano Larrea

[1] “Razón Portería” Ed. Galaxia Gutemberg 2014. Javier Gomá.

[2] La foto es de mi amiga Cristina aprendiendo la escalada nada menos que en la Universidad de Macao. China.

¿Guerra o paz?

La semana pasada escribí un post a modo de manifiesto en el que pedía alumnos trasgresores, alumnos que se cuestionaran las cosas que se les explica con el fin de alentar al profesor a ir más allá. O para ir ellos mismos más allá. Alumnos, que de pié sobre los hombros de gigantes lleguen a ver más lejos.

Y me lamentaba de no encontrarlos.

 Tener unos alumnos trasgresores supone una incomodidad para el profesor. Porque requiere estar absolutamente al día, de conocimientos y de pedagogía. Porque hay que ser flexible y humilde. Porque si les damos alas para trasgredir sobre el contenido nos van a destrozar el programa de la asignatura, nos vamos a entretener en cosas que no son del temario y nos van a pillar en muuuchas cosas que no sabemos.

Por eso mismo  a veces los acallamos, los amordazamos o anestesiamos con: “sacar el libro página tal”. O peor: “os dicto unos apuntes”…(que están amarillentos). O: “eso lo discutís fuera de clase que no podemos perder el tiempo”. Señorrrrrrrr. Si lo que estamos haciendo sin discutir esas cosas es precisamente perder el tiempo.

Yo di una vez clase a varios grupos de alumnos trasgresores. Y esto es lo que me pasó. Fue en Duino, un pueblito pesquero cerca de Trieste (Italia). Yo había ido a cubrir una baja de maternidad de la profesora de economía en este colegio de bachillerato internacional. Segundo semestre. Alumnos de 87 países distintos. Primera vez en mi vida que daba clases en inglés. Cambio de país. Susto total. Me había preparado las clases a conciencia: el IB no permite resquicios y cuando examinan a los alumnos también están examinando al profesor.

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Segunda semana de clase y se acercan dos alumnos de una de las clases y me dicen de modo muy educado: “muy interesante lo que nos explica, pero todo eso viene en el libro, ¿cuándo nos va a dar material que no venga en el libro?”. No os puedo ni contar, si hasta entonces me pasaba los días encerrada preparándome las clases ahora me pasaba las noches de claro en claro como el hidalgo caballero de la Mancha.

En otra de las clases se me acercó un alumno de Uganda que me dijo. “¿Sabe que todo esto que estamos aprendiendo es útil sólo para la mitad del mundo? La otra mitad tenemos otros problemas que resolver antes como la corrupción, la falta total de infraestructuras, la inexistencia de tejido empresarial. ¿Podríamos dedicar alguna clase a ver cómo atacar esos problemas igual que estudiamos como resolver la inflación o el desempleo?” Le contesté que por supuesto que sí. Y lo hicimos. Dedicamos algunos días a analizar “la otra macroeconomía”.  Se acabaron para mi los “finde” de paseo por Liubliana, las escapadas diarias por el paseo Rilke, sobre el Adriático…”la otra macroeconomía” requería muchas horas de estudio y trabajo.

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Realmente es muy incómodo dejar a tus alumnos ser trasgresores. Es declararse la guerra a uno mismo. La guerra al lo-que-sé-es-lo-que-es en vez del correcto: lo que sé tiene que seguir creciendo. La guerra al acomodarme en la experiencia. La guerra al susto que da “perder” tiempo en cosas que no están en el programa. La guerra al miedo que me daba que viniera el director a decirme ¿y el programa, dará tiempo a darlo entero?. Esto es perder tiempo para ganarlo. Es, lo que los economistas llamamos INVERTIR. Invertir en Futuro.

Para invertir en Futuro, en el futuro de nuestros alumnos, de nuestro país, del mundo en definitiva, hay que perder tiempo en clase reflexionando y trabajando sobre esas cosas que sabemos, en lo más profundo de nuestro ser, que son importantes. Y lamento deciros amigos y colegas profesores, que cuando la propuesta de tomar un desvío y dedicar tiempo a algo que no estaba previsto viene de los alumnos suele resultar mucho más costoso al profesor, pero suele ser mucho más importante que las desviaciones que nosotros queramos hacer del programa. Da mucha guerra, porque requiere horas de trabajo extra no previstas y generalmente de cosas que no se nos habían pasado por la cabeza. Y aquí llega la humildad. Hay veces que hay que decir a los alumnos que no tenemos ni idea de cómo afrontar ese tema pero que podemos intentarlo juntos.

Tener alumnos trasgresores hace que el profesor dé lo mejor de sí y se enriquezca con las clases tanto o más que sus propios alumnos. Pero es la guerra, amigo.

No es fácil, pero ya habíamos quedado que para ser profesor hay que ser un super-héroe de carrera, dos master y doctorado.

Tú eliges: ¿guerra o paz?

P.S: prometí zarandear a padres e instituciones educativas como culpables de que no tengamos más alumnos trasgresores. No me he olvidado. Continuará…

Elena Jiménez-Arellano Larrea

¡Quiero alumnos transgresores!

¡Quiero alumnos transgresores[1]!

Podría ser una canción. Pero no lo es. Es un hecho. Es lo que quiero, desde siempre sin ponerle nombre, y desde ayer, tras ver este vídeo donde un alumno de segundo de carrera en Georgia Tech. USA da la bienvenida a los alumnos de primero, le puse nombre: quiero que mis alumnos sean rompedores y transgresores. 

Por si no estáis muy duchos en inglés os adjunto una transcripción casera del contenido[2].

Si, ayer vi este vídeo y me dio mucho que pensar. Tanto, que el artículo que escribía sobre PISA y la LOMCE se queda aparcado para otro día.  Al verlo pensaba con envidia: ¡ojalá pudiéramos tener aquí en España este tipo de alumnos! ¿Envidia?, si, de la mala, de la malísima. En concreto de dos cosas: 1. del orgullo que por su universidad muestra ese alumno y 2. De lo que esa universidad le permite hacer: le permite ser un transgresor.

Si algo me prendó de mi tiempo en los EEUU fue el amor de los americanos por su patria, por sus instituciones, por sus universidades… Me encantaría que en España fuéramos así: enamorados de nuestra patria y orgullosos de nuestras cosas. ¡Que tenga que ser el cantante Bono el que diga que España lo está haciendo rebién y que nuestros amigos europeos deberían hacer una campaña pro-España!  ¿Por qué nos gusta tanto malhablar de nuestro país, de nuestra bandera, de nuestras instituciones?

cena españa2
Me ha pasado este mes en clase : todos los alumnos extranjeros alabando distintas cosas de Madrid, del modo de vida de los españoles que les gustaba, de lo bonitos que son nuestros parques y lo seguro que se va por las calles, de la maravilla del transporte público, y un alumno español, casi avergonzado de tantas alabanzas, en vez de reconocerlo  y agradecerlo, empieza a enumerar una retahíla de cosas no tan bonitas. Viajando un poco se pasan estos males, porque es fácil darse cuenta que más de la mitad del mundo (incluyo también a personas de países del primer mundo) hubiera preferido nacer en España (y no digo en Bilbao;) 

Yo os aconsejo que invirtáis un poco de tiempo haciendo una lista de todas las cosas buenas que nuestro país nos ofrece y todas las cosas buenas que tiene nuestras instituciones. Y luego que dediquéis también un poco de tiempo a hablar de esas cosas positivas. Resultado: sube la autoestima patria, las endorfinas se disparan, se empieza a sonreír…¿te atreves? Para empezar la lista comienza preguntándole a un norteamericano qué le pasa cuando se pone malito y no tiene un seguro médico. Luego pregúntales cuánto les dan de “paro”. Y para acabar la encuesta atrévete a preguntarles cuánto les ha costado su carrera universitaria y cuántos años han estado pagándola.

A los alumnos de nuestros colegios y universidades les acosan además otros males que son fundamentalmente el hastío (que sirve para disfrazar la pereza) y la apatía o el aburrimiento de la vida, el “me-lo-merezco-todo-y esto-es-un-asco-para-lo-que-yo-me-merezco”. Sumidos en este hastío eligen carreras que molan pero que no les gustan, o carreras que les gustan pero no están dispuestos a pasar por ese “viaje endiabladamente duro” para conseguir lo que se quiere… porque no saben lo que quieren.

El autobús que tomo hacia la oficina cada día va lleno de estudiantes universitarios y las conversaciones dibujan un mapa de la situación actual. “Me he cambiado de carrera y tampoco lo tengo muy claro”, “Fulanito ha empezado ingenieros, pero se pensaba que era como en el colegio, de estudiar antes de los exámenes. Ha suspendido todo el primer semestre. Ahora no sabe qué hacer”, ” Me voy de Erasmus, pero con este inglés no sé si aprobaré algo y tendré que repetir el semestre a la vuelta. “, “Hay un profesor empeñado en hacernos trabajar en clase ¡y no cuenta para la nota!”, “Quieren que hagamos prácticas sin remunerar… no se ha apuntado nadie”, ¿sigo o ya se han hecho una idea?. Y estos alumnos van a una universidad pública.

¡¡¡Yo quiero un alumno como el del vídeo!!! Quiero un alumno que cuando llegue a clase me utilice para sus fines de aprender lo más posible de lo que a él le interesa (y no simplemente para que le ponga la mayor nota al menor esfuerzo). Quiero un alumno que me diga: “eso ya lo explica el libro, ¿para cuándo algo que no esté en el libro?”, quiero un alumno que me rete, que discrepe, que discuta, que elabore. Quiero un alumno que me traiga un artículo del periódico con la opinión opuesta de lo que ayer expliqué en clase. Quiero un alumno que se revuelva en el asiento no de hastío sino porque no le convence lo que digo y no encuentra hoy la réplica..,.pero me la trae al día siguiente. Quiero alumnos transgresores no con los horarios, llegando tarde a clase o con las normas de educación, sino con el contenido y con la forma de dar la clase. ¿Porqué no puedo tenerlo?!

Quiero tener alumnos transgresores , porque sólo los transgresores hacen que la humanidad no se quede quietecilla donde está sino que avance, que mejore.

¿Y qué nos aparta de esto? ¿Qué nos impide tener estos alumnos?

La culpa es nuestra, de los educadores. De los padres y de los colegios.

padres regañando
     De los padres, porque llevan las mochilas a sus hijos a la salida del cole, porque sobrevuelan como helicópteros sobre ellos mientras les dan dinero y comodidades ilimitadamente y finalmente porque les disculpan ante profesores y adultos por sus faltas sin dejarles asumir la responsabilidad de sus actos libres.

 

 

todos igualesjpg
    De los colegios porque no encendemos fuegos, sino que llenamos vasos. Con contenidos y formas que además están obsoletos. Porque no inspiramos sino que enmarcamos.

 

 

¿La solución? La próxima semana.

Elena Jiménez-Arellano Larrea



[1] Persona que quebranta un precepto, ley o estatuto

[2] Traducción a mi manera del vídeo: “Escogimos la Universidad de Georgia Tech porque queríamos hacer lo imposible.

Y precisamente esta Universidad está equipada con los recursos y el profesorado para ayudarnos a hacer exactamente eso.

En palabras de Isaac Newton “ Si he llegado tan lejos, es porque me he puesto de pié sobre los hombros de gigantes”

Georgia Tech está orgullosa de sus muchas tradiciones, pero la que encuentro más interesante es nuestra tradición de excelencia. Nuestra misión como estudiantes no es seguir los pasos de astronautas, premios Nobeles o de los presidentes que se graduaron antes que nosotros en esta universidad, sino ir más allá de sus huellas, sobrepasarles, estrujando los hombros de esos  gigantes sobre los que nos apoyamos. Nosotros, los aquí presentes, somos así de innovadores.

Por eso te digo: Si quieres cambiar el mundo, estás en Georgia Tech, puedes hacerlo! Si quieres construir el traje de Iron man, estás en Georgia Tech!, tú puedes hacerlo!, si quieres poner música de película durante tu discurso de bienvenida como un friki, estamos en Georgia Tech, puedes hacerlo! Yo lo estoy haciendo!

Enhorabuena por haber sido admitido en esta Universidad. Y prepárate para el viaje endiabladamente duro que te permitirá llegar a ser un ingeniero cojonudo.”

 

Imagínate una clase de adolescentes

Imagínate una clase de adolescentes…
Así es como comienza su libro Daniel Pennac. Y describe tan bien una clase llena de adolescentes, que uno se sonríe, porque a pesar de los años “la cosa sigue igual”. Y es que la adolescencia es lo que tiene: seguirá existiendo mientras haya hombres sobre la tierra… que siiii  y mujeres. Cualquier educador al que le toque lidiar con este bonito periodo de la vida sabe el reto al que se enfrenta. En los cursos nos dicen que la adolescencia es el momento de los grandes ideales, de la audacia, de la creatividad y la capacidad de entrega por eso que merece la pena… Que esos chicos, chicas, tienen ante sí las posibilidades de ser TODO

Y la realidad se produce cuando ese profesor entra en clase se encuentra dos grupos: los que están “tirados” sobre los pupitres y los que están saltando y gritando sobre ellos blandiendo una silla. Se impone poner orden sobre los exaltados, que se van sentando mientras suenan unas risitas que no se callarán durante toda la clase. Y entonces ese increíble director de orquesta y domador de leones y encantador de serpientes que es el profesor, tiene que conseguir los siguientes retos: que haya un mínimo de tranquilidad para que se puedan tratar los contenidos de la clase, pero que la tranquilidad no sea tanta que todos se unan al grupo de los “derrumbados sobre las mesas”, hacer caso omiso de las risitas que brotan en los momentos más inesperados de la clase, interesar a los alumnos en el tema a tratar y hacerles participar y sobre todo hacerles partícipes de su propio aprendizaje.

Aquí es cuando el profesor se convierte en un harri-jasotzaileak, ese fenomenal atleta vasco que levanta piedras sobre su hombro como si nada.  Aquí está el momento clave: mientras el profesor con su batuta mantiene atentos a los que dormitaban y calmados a los que peleaban, con la otra mano asume ese increíble peso 

Grado, dos master y doctorado es lo que tiene que tener cualquier buen profesor de secundaria que se precie.
Grado de domador de leones.
Con ese grado aprendemos que a los leones no se va de frente. Y desde luego si el león ruge, no hay que intentar devolver un rugido: los rugidos del profesor quedan ridículos o causan el efecto contrario. Una mirada directa a los ojos diciendo suavemente el nombre del león que ruge encima de la mesa suele tener un efecto inmediato. También están los que se agazapan al final de la clase dispuestos a saltar sobre nuestra yugular al grito de “eso se contradice con lo que acaba de explicar!!”. Serenidad, sonrisa y responder despacito “que bien que te has dado cuenta, Mira esto se debe a tal y tal. Muy buena observación, gracias por estar atento y colaborar con el desarrollo de la clase”. Y así ya están  todos dispuestos a mirar a la batuta. Algunos la miran a ver si nos equivocamos, pero la miran! Y se han unido a la orquesta.
Máster en la carrera de encantador de serpientes.
En esta hay que ser un buen profesional. Porque usando la técnica del principiante se pierden mucho tiempo y energías: llamar en voz alta, por su nombre, al fulanito que está recostado. Este pega un respingo, se pone tieso -más o menos-, pero cuando dejas de mirarle se desploma de golpe de nuevo sobre la mesa. En cambio, como los buenos encantadores de serpientes, el profesor debe ser capaz de que a través de los oídos -el desplomado sigue escuchando, el oído es el último sentido que se pierde- le entre la curiosidad por la “música que está sonando” y sin casi darse cuenta, se va desperezando, prestando atención, recupera el don de la palabra, sonríe y suele comentar algo así como: “¡es verdad! ¡Eso me pasó una vez!” O algo parecido. Pero ya le tenemos en el bote. Ahora toca que mire la batuta y se una a la orquesta.
Máster en dirección de orquesta.
Inma Shara, ¡Que mujer! Con los suaves gestos de sus manos, a veces de sus dedos, hace que cada miembro de la orquesta toque cuando toca. Todos participan, pero cada uno en su momento y en el tono y volumen adecuado. En clase tenemos de todo: percusión, cuerda, viento y coro completo. Están esos que son rapidillos, los que se las dan de rapidillos, los lentillos, los que intuyen, los que quieren que se les oiga y hacen sonar los platillos a todo volumen… y a destiempo. Y aquí el profesor, con su batuta (que en realidad es una varita mágica) debe intentar dar servicio a todos, campo de juego a todos y similares oportunidades de aprendizaje.[1]
Doctorado en levantamiento de pesos
Y por si hasta ahora la sesión de clase no hubiera resultado suficientemente desgastante, aún queda lo mejor. Es como en el circo ¡más difícil todavía! Llega el momento de la verdad: el de transmitir las enseñanzas de nuestro cerebro al de los alumnos. Todo eso que hemos ido aprendiendo con mucho tiempo y esfuerzo se lo queremos dar a nuestros alumnos. Ese regalo. Hay muchas metodologías ya obsoletas como “la letra con sangre entra”, la clase magistral, si, esa de los apuntes amarillentos -donde las serpientes duermen y los leones rugen-, la de abrir el libro y subrayar párrafos, la de memorizar y luego chequear que se ha memorizado. Nada de eso vale como metodología única o central. A veces hará falta memorizar o a veces habrá que indicar un libro o un párrafo para que los alumnos lo estudien, a veces les regalaremos trozos de nuestra vida, de nuestras experiencias personales… Porque el levantador de pesos lo que tiene que conseguir es que el alumno se haga el piloto de su propia educación. Y como resulta que tenemos una orquesta de lo más completo, con instrumentos de lo más diferentes, esto significa que habrá alumnos que quieran hacer un debate de tal cosa, otros traen un recorte de prensa, otros callan… El levantador de pesos tiene que interesar a todos sus alumnos en la materia que imparte. Y cada uno por caminos diferentes, por caminos insospechados, por caminos que el profesor no sabía que existían, llegan a la meta.
como una novela
Daniel Pennac en un libro que he recomendado cientos de veces a muchos educadores, “Como una novela”, cuenta muy bien como en el ambiente posiblemente más hostil hacia la literatura fue capaz de “meter el gusanillo” a sus alumnos a base de perder el tiempo al principio para ganarlo al final: invirtió muchas horas de clase en leer en voz alta las lecturas obligatorias del curso hasta que los alumnos… pero no os lo voy a contar, leedlo, merece toda la pena cada frase de ese libro, Y seguro que os echáis además una buenas risas.
Os confieso que siendo consciente de todo esto, cada vez que entro a clase intento poner en ejercicio las cuatro carreras ¡que para algo las he hecho, caramba! Y hay días que salgo contenta porque no hubo leones que domar, ni serpientes que encantar, y pude dedicarme a la dirección de orquesta y al levantamiento de pesos. Esos días solo he ejercido dos carreras y ¡salgo agotada! Fundamentalmente de luchar contra mí misma. Contra la inercia de “les cuento lo que yo ya sé, que “se lo aprendan” y ya está! que “lo otro” me cuesta mucho esfuerzo”. A pesar de mi madre vasca yo no nací para Probalari -los que arrastran piedras- y me tengo que esforzar mucho, cada día y hacer músculo en el gimnasio  de formarme continuamente, ver qué se hace por ahí, copiar las mejores prácticas con un descaro sin igual y recibir feedback de mis alumnos y de mis jefes, todo eso para que la susodicha piedra no me aplaste con su peso o la deje caer a plomo sobre… el pobrecillo que en ese momento desafinó.

Y diréis así ¿quién quiere ser profesor? ¡¡Es muy difícil y muy cansado!!!

 Y es que, para ser un buen profesor, para ser maestro hacen falta dos cosas fundamentales: 1. Querer: tener vocación de querer dejar una huella muy profunda en el mundo encendiendo un fuego en nuestros alumnos. 2. Saber: domar leones, encantar serpientes, dirigir orquestas y levantar pesos .[2].
Lo que todavía no acabo de entender es porqué no nos esperan a la salida de los colegios y de las universidades donde enseñamos cientos de fans admirados por nuestras proezas, aullando a nuestro paso ¡¡¿¿cómo es capaz de hacer esa maravilla??!! ¿qué le pagan por esto? ¿qué premios y reconocimientos le han dado? ¿qué premios Nóbeles ha logrado?? Y a esos imaginarios fans les sorprendería más la respuesta: no, si no es nada, lo hago sólo por el disfrute interior de la tarea bien realizada: porque no tenemos ni salarios grandes ni reconocimientos pequeños. Lo hago porque como dice Nelson Mandela
La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo
.
[1] Los de la empresa “música para todos” organizan unas actividades fenomenales para potenciar el trabajo en equipo a través de la música. Os lo recomiendo vivamente.

[2] Si quieres aprender todo esto en ITEM estamos preparando unos cursos para directivos de centros educativos y profesores donde ponemos en práctica todas estas estrategias ¿te apuntas? Escríbenos a info@inspirandotalento.com