¡Quiero que me devuelva mis dientes!

17 enero, 2016
La-Maliciosa-Sierra-de-Guadarrama

CÓMO SUPERAR LA CRISIS DEL CAMBIO. Ayer estábamos tumbados al sol sobre unas rocas, bien abrigados, porque a pesar del sol el frío era intenso. Habíamos acabado de comer después de alcanzar la meta que nos habíamos puesto para ese día de monte. El silencio era absoluto, no se oían ni pájaros -probablemente sus trinos se congelaban al salir de sus gargantas-  cuando llega una familia con tres niños y se sientan casi al lado…¡con lo grande que es la montaña! El padre saca unos bocadillos de la mochila y reparte. Se hace un pequeño silencio mientras empiezan a comer -era ya tarde para los estándares mundiales- y de repente se oye un grito “¿Alguien sabe el teléfono del Ratón Pérez[1]?” …. silencio y sorpresa. Alguien pregunta: “¿Para qué quieres su teléfono?”, “¡¡Quiero que me devuelva mis dientes!! ¡no me puedo comer el bocadillo!” Su madre le dice: “Pero si dentro de nada vas a tener unos dientes nuevos preciosos y además te ha traído…” a lo que la niña insiste “¡Quiero que me devuelva mis dientes ya!”

Os podéis imaginar las carcajadas contenidas del grupo tumbado a la bartola.

A mi me hizo pensar.

Me acordé de lo que me había dicho una profesora en la evaluación a una sesión de formación en nuevas metodologías: “No entiendo porque tanta crítica a la enseñanza clásica y tanto empeño en que cambiemos la metodología si el método clásico nos sigue dando muy buenos resultados”. Llamaba método clásico a la bien conocida metodología de clase magistral, alumnos en filas de pupitres separados, estudio de memoria y deberes repetitivos y descontextualizados.

ratoncito perez

Si, los profesores a veces también queremos que el Ratón Pérez nos devuelva los dientes. Los profesores, los padres y cualquier profesional que vea moverse el suelo bajo sus pies. Y es que el cambio, cualquier cambio, es ir un poco contra natura.

Los cambios producen inseguridad ante lo desconocido. Ya lo dice el dicho: “Mas vale malo conocido, que bueno por conocer”. Producen incertidumbre: “¿Me saldrán de verdad dientes nuevos? Hasta que me salgan los dientes nuevos ¿cómo me como el bocadillo? “. Lo podemos traducir como: ” ¿Seré capaz de ser tan buen profesional como lo soy ahora y a dominar esta nueva técnica? ¿podré llegar a aprender esto nuevo? ¿Y mientras lo aprendo qué pasa?”

Y lo peor es cuando en vez de poner el foco en nosotros, echamos balones fuera y nos preguntamos “¿No será una moda?” y seguimos por dentro “¡Ojalá lo sea y a ver si se pasa pronto!”.

Vamos, que preferimos pegarnos con cola los dientes de leche antes que pasar una temporadita desdentados mientras salen los definitivos.

Oí el miércoles pasado al profesor Francisco Martín referir cómo los españoles siempre llegamos tarde. No se refería a las citas con otras personas, sino a las citas con la Historia: llegamos tarde a la Ilustración, a la Industrialización, al Conocimiento en el s.XX y ahora estamos llegando tarde a la era del Aprendizaje.

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Y desde el miércoles me he estado preguntando el por qué de esto. ¿Por qué los españoles llegamos tarde a la Historia? ¿Por qué no somos de los que innovamos sino de los que vamos a rastras del resto de la humanidad? ¿Tenemos los españoles una especial aversión al cambio o a innovar? ¿Es un gen español la reticencia a hacer las cosas de forma distinta a como “se ha hecho siempre”?

No soy historiadora y no voy a intentar explicar los porqués de llegar tarde a momentos de la historia, que claro que tienen su explicación. Lo que si sé y puedo afirmar es que la aversión o resistencia al cambio existe siempre en cualquier persona sensata y con sentido común ya que requiere pasar por una fase de “destrucción creativa”[2]  que corresponde a la fase en la que, como la niña de nuestra anécdota, se está sin dientes y no se puede morder el bocadillo como se solía.[3]

desdentada

Para superar con éxito esa fase del proceso del cambio en la que nos encontramos “desdentados” -es decir, esa fase en la que los profesores están aprendiendo nuevas metodologías pero aún no saben cómo implantarlas adecuadamente en el aula con el mismo rendimiento que tenían antes con sus metodologías anteriores-,   suelen ser útiles varias estrategias.

1. Mostrar o hacer visible el resultado final.

Es muy potente que el que sufre el cambio vea lo que va a pasar al final. En el caso de las nuevas metodologías, sirve mucho el proyectar vídeos donde se ve a alumnos de otros centros educativos trabajando con esas metodologías y donde esos mismos profesores y alumnos comentan lo que eso les ha mejorado la vida de profesor o estudiante. Pero eso no basta, es necesario plantear también pequeños cambios que produzcan resultados visibles. Por ejemplo relacionado con la metodología cooperativa pedir a todos los profesores que repitan un examen que ya hayan hecho sus alumnos pero ahora con la técnica de “lápices al centro”. Se propone a los profesores que evalúen como mejoran las respuestas y por tanto los aciertos y las notas a la vez que piden a sus alumnos contestar a dos preguntas: 1. cuánta presión han sentido en el examen, ¿más o menos que cuando hicieron el anterior? y 2. Con qué tipo de examen les parece que han aprendido más.

2. Que el cambio nazca de los profesores mismos.

A todos nos gusta cambiar, pero no nos gusta que nos cambien. Es un tema de psicología de la personalidad que debemos hacer que juegue a nuestro favor. El coaching es tan eficaz porque se basa en la creencia de que el cambio interior eficaz y duradero sólo puede ser promovido por uno mismo. Los cambios impulsados desde fuera son a corto plazo y no generan convicción en los individuos. Por eso es muy importante que todos los profesores se involucren en el proceso de cambio tomando decisiones del modo, la fuerza, el enfoque, etc., del proyecto de cambio. Esto significa que el proceso de cambio se va articulando según las aportaciones de todos y el proyecto final probablemente no se parecerá en casa nada al ideado, pero se ha cumplido el objetivo de incorporar una nueva metodología que motiva a profesores y alumnos mejorando su experiencia y su aprendizaje.

3. Usar el lenguaje del cambio

 Las palabras no son inocentes. El lenguaje del cambio juega un rol mucho más importante del que se cree. Tanto el que usamos para explicarnos el cambio a nosotros mismos, como el que se utiliza para implicar a los demás. Palabras como: equipo, interdependencia positiva, interacción promotora, responsabilidad individual, normas del equipo, competencias, habilidades sociales, responsabilidad individual, inteligencia emocional, roles de los miembros del equipo… Si estas son palabras que suenan… entonces llegará el cambio. Esto supone además que en las evaluaciones se van incorporando “notas” relacionadas con el trabajo en equipo, el cumplimiento mejor o pero de los roles, etc. Lo que no se evalúa, no existe y acaba por desaparecer.

La historia del Ratoncito Pérez no acaba cuando este recoge los dientes de debajo de la almohada. El Ratoncito Pérez siempre deja un regalo a cambio de los dientes que se lleva.

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El regalo suele consistir en algunas monedas de poca cuantía o un juguete sencillo o un libro. Yo no sé qué le dejaría el Ratoncito Pérez a la niña de nuestra historia, sólo se que ante los argumentos de su madre, la niña casi gritaba: “¡No me compensa!! Que me devuelva mis dientes ahora!”

La verdad es que a los profes o a cualquier persona envuelta en una situación de cambio le dan unas ganas enormes de gritar lo mismo “¡No me compensa!”, pero imaginad por un rato que podríais hacer ahora con los dientes de leche repegados con cola.

Lo mejor de todo es que el regalo por dar el paso hacia el cambio en las metodologías activas y contextualizadas no es calderilla: es la felicidad, que como explican en este vídeo comienza por la sonrisa que has esbozado al leer estas letras. ¡No me digas que no te has sonreído al menos un poco!

Elena Jiménez- Arellano Larrea

 

[1] Leer la historia del ratoncito Pérez en: http://www.prodentis.es/881/ Y también en:  http://www.muyhistoria.es/curiosidades/preguntas-respuestas/iquien-invento-al-ratoncito-perez

[2]http://www.amaliorey.com/2013/07/05/20-ideas-sobre-como-gestionar-las-resistencias-al-cambio-post-364/

[3]Y esto, señores, aplicando la lógica que tanto me gusta, serviría para explicar que los españoles no somos adversos al cambio. Lo que somos es prudentes. Primero vemos qué pasa con esas novedades “por ahí” y luego,… “si eso” …las empezamos a implementar nosotros. Es decir, que no somos amantes de las versiones beta, que a los españoles nos gustan las cosas que funcionan. Y eso es muestra de mucha sabiduría, aunque a veces algunos nos impacientemos.

2 Comments

  1. Borja   18 enero, 2016 12:06 / Reply

    Hola Elena,
    Me ha encantado imaginarme la escena de estar en una cumbre, resguardada del viento, al sol, escuchando la paz y de repente…llega una familia algo ruidosa. Adiós a la paz! Y encima la niña protesta porque el pan está duro y no puede morder bien el bocadillo de jamón. Divertidísimo.
    Me sorprendes cómo sacas punta educativa a situaciones de la vida real…
    Me atrevería a añadir un punto 4 a los 3 que has puesto: el acompañamiento. Es importante que los profesores se sientan acompañados por sus jefes inmediatos en ese proceso de cambio. Ocurre que los jefes tienen ideas pero las despliegan solo los de la base y eso, al final, no genera buen “rollito”. Pero si profesores y jefes están en el mismo barco todo marcha mucho mejor: las pegas se solucionan entre todos y los éxitos se celebran también entre todos.

    • Item   18 enero, 2016 12:22 / Reply

      Gracias por tu imprescindible aportación. El acompañamiento es clave. Absolutamente clave.
      Gracias también por pasarlo bien con el post. Veo que has visualizado ¡un bocata de jamón! La verdad es que me hizo tanta gracia el asunto que pensé llevarlo a la pantalla…del ordenador :) Ya sabes que mi vocación semi-frustrada es la del guión cinematográfico.

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